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ISSN 1989-4163

NUMERO 102 - ABRIL 2019

 

El Súper Héroe Absurdo

Joaquín Lloréns

Los súper héroes siempre han estado presentes a nuestro alrededor. Cuando era niño se asomaban a mi vida desde las viñetas de los cómics. Luego han evolucionado como todos nosotros y, aunque resistentes como la aldea gala de Astérix en las páginas de los tebeos, se han lanzado como una vorágine a las salas de cine. ¿Quién no ha soñado despierto en poder volar en una tabla como Silversurf, manejar el tiempo como el Doctor Strange o leer las mentes o mimetizarse como las sensuales Emma Frost y Mistica? (Es llamativo que casi todas las heroínas han ido envueltas en los tiempos de inexistencia de lo políticamente correctos en una aureola de erotismo). Fruto de los propios anhelos, ambiciones o carencias, cada uno hemos deseado ser uno de ellos.

Pero en los últimos tiempos, en paralelo a la pérdida de los valores morales de la sociedad, han ido surgiendo y popularizándose súper héroes que rozan lo anti heroico. Con problemas de alcoholemia como Jessica Jones o Hancock, graves trastornos mentales como Deadpool, etcétera.

Y en paralelo, en el mundo real, la gente ha elevado a la categoría mitológica a deportistas y a la una categoría más de tercer nivel a personas de diversa clase y condición. Todo el mundo puede ser un súper héroe a través del absudo Guinness y sus records. Son los héroes absurdos. Son legión. Algunos de ellos dan ganas de llorar: el récord de 100 metros vallas con aletas de bucear, en doblar sartenes, la mayor colección de carteles de “No molestar”, la mayor distancia recorrida por un hombre arrastrado y ardiendo, la mayor cantidad de huevos rotos con la cabeza… Gracias al Guinness, cualquiera puede ser un héroe… de pacotilla.

Pues bien, en los últimos meses ha aparecido en Palma el que para mí es un ejemplo curioso del héroe absurdo. Para muchos es meramente un delincuente, un pirómano, una chalado, un vengador ¿de qué?, pero tiene connotaciones que lo catapultan al título de héroe absurdo. Todo comenzó en la Nochevieja del 2017. Ese día, nuestro misterioso desconocido quemó un contenedor de basura. Desde entonces lleva quemados más de 300 contenedores cuyo coste asciende a 300.000 euros. Cada pocos días quema uno, dos… cinco contenedores. Es cierto que, los daños colaterales del incendio de algunos vehículos, le hacen perder popularidad. Es una auténtica faena despertarte por la mañana y descubrir que tu coche ha sido incendiado. Algunos de sus actos -¿performances?- los ha llevado a cabo con auténtica temeridad, como el pasado 5 de noviembre cuando, además de la quema del habitual contenedor, quemó 6 coches y  25 motos de la policía municipal. Sólo este incendio provocó daños de más de 400.000 euros. Como es lógico, hay quien piensa que no solo se trata de una persona. Algunos opinan que pueden ser un grupo, o que le hayan salido imitadores. Yo prefiero pensar que es una única persona. Un héroe del absurdo. Y es que, a pesar de que a estas alturas las Fuerzas de Seguridad deben de estar al acecho, que han debido ponerle más de una trampa, sigue siendo invisible, como cualquier héroe que se precie. Bueno, invisible del todo, no. El pasado día 11 de marzo, por primera vez hubo un testigo que vio a nuestro héroe absurdo mientras provocaba el incendio de media docena de contenedores. Según el testigo, el héroe absurdo tiene unos 30 años y es muy delgado. Se dijo que la Policía lo había detenido, aunque lo mismo se afirmó el pasado 24 de enero. De hecho, para regocijo de quienes venimos observando con curiosidad a este héroe absurdo, al día siguiente de su supuesta detención quemó otros 7 contenedores.

Sí, no cabe duda de que es un delincuente (quebranta la ley) y un pirómano, pero esta longeva invisibilidad, este reto a las autoridades que se prolonga ya quince meses le dan una aura de héroe (quizás mejor anti héroe) bastante más meritoria que la mayor parte de los records Guinness y que consigue que a algunos se nos dibuje una pequeña sonrisa de complicidad culpable cada vez que comete una de sus absurdas performances nocturnas. Espero (punto vital para distinguir al héroe del delincuente) que cuando -si es que se produce el hecho- conozcamos sus motivaciones, estas le consagren como súper héroe absurdo.

 

 


 

 

El súper héroe absurdo 

 

 

 
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